Un cáncer, la falta de credibilidad en las instituciones (y en las personas) en México.

Un cáncer, la falta de credibilidad en las instituciones (y en las personas) en México.

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De todos es conocido que en México tenemos un nivel muy bajo de confianza en nuestras instituciones. Parametrí­a en su encuesta de 2014 encontró que los sindicatos (22%), Ministerio Público (20%), partidos polí­ticos y jueces (19%), la policí­a estatal (17%) y los agentes de tránsito (16%) eran los peores calificados, panorama que se repite año con año, al igual que con las instituciones mejor calificadas entre los adultos encuestados: Ejército (60%), Iglesia católica (64%) y los amigos y familiares (88%).

Independientemente de que compartamos o no estos datos, mismos que seguramente se han visto impactados por los acontecimientos que penosamente han tenido como protagonistas a representantes de algunas de las instituciones mejores calificadas, lo que podemos leer es que en México, a no ser por familiares y amigos, no creemos en nuestras instituciones, quizás porque precisamente las vemos ajenas, distantes, poco amigables, no nos son familiares, y por lo tanto no las hemos hecho nuestras, pareciera entonces que no son nuestras instituciones y, sin embargo, lo son.

En fundación Tláloc creemos que un gran cáncer que tiene nuestro paí­s es el no creer en el otro, la desconfianza permanente hacia los demás y hacia las instituciones. Consideramos que este cáncer, junto con el de la corrupción, debe ser eliminado de nuestro organismo-paí­s como condición fundamental para construir un México justo, un México sustentable.

La credibilidad en las instituciones no puede darse por mandato ni por acuerdo de unos cuantos, necesitamos entender la relevancia de hacer frente a este tema asumiéndonos todos como corresponsables y actuar en consecuencia. Estamos convencidos que las organizaciones de la sociedad civil (que tampoco escapan de la falta de credibilidad entre la sociedad mexicana), no por ser organizaciones no gubernamentales deben mantenerse al margen, todo lo contrario, es necesario que nos involucremos en el fortalecimiento de nuestras instituciones trabajando con ellas, acompañándolas, colaborando en  el cumplimiento de una agenda común construida participativamente, incrementando sustancialmente la cultura de contralorí­a social exigiendo transparencia y rendición de cuentas, así­ como contribuyendo a la construcción de capacidades locales al interior de las mismas, y es que en todos los sectores de la sociedad podemos encontrar personas que tienen el anhelo de generar un cambio positivo, pero muchas veces no cuentan con las herramientas, propias o institucionales, para detonar esos procesos que se traduzcan en proyectos concretos; es ahí­ donde se dibuja un área de oportunidad para aportar nuestro tiempo, conocimientos, propuestas, etc. que sumen a ese fortalecimiento institucional. ¿Y por qué hacerlo si para eso les pagan a ellos? Porque a nadie nos conviene un México con instituciones débiles porque entonces todos vivimos en la zozobra, todos somos potenciales ví­ctimas de su mal funcionamiento, porque no podemos vivir en paz, ni estar tranquilos para ser creativos o productivos si las instituciones, por ejemplo, permiten cobros ilegales por licencias o por permisos para emprender un negocio, si se autorizan desarrollos inmobiliarios que violentan la equidad y los derechos humanos como el derecho a un ambiente sano, a un aire limpio. ¿Por qué tenemos que estarnos cuidando de lo que hacen u omiten realizar las instituciones? ¿Es acaso que tenemos que cerrar los ojos y aguantar el coraje al ver caer los árboles y con ellos el patrimonio natural y paisají­stico por la construcción de un segundo piso para automóviles que nunca fue discutido? ¿Por qué la gente tiene que salir a las calles a hacer que su voz sea escuchada ante el riesgo de que un desarrollo hotelero acabe con manglares o privatice el espacio público? ¿Por qué las instituciones no pueden simplemente honrar el objeto para el cual fueron creadas? Respuestas hay muchas, pero una condición para desactivar las causas es la participación informada y propositiva de toda la sociedad, tu participación. Hoy las marchas han pasado de las calles a las redes sociales, sitios que se crean espontáneamente ante un acto autoritario, plataformas para visibilizar una causa como change.org, causas.org o salvemossedagro.blogspot han probado ser herramientas útiles para generar cambios en proyectos o hacer valer los derechos fundamentales de todos. No vemos que la necesidad de emplear estos medios vaya a cambiar en el corto ni mediano plazos, sin embargo, otra trinchera que bien podrí­amos abrazar es la de trabajar con un enfoque preventivo buscando el fortalecimiento de todas las instituciones estando cerca de ellas en la forma que hemos referido previamente. Todos podemos ser ví­ctimas, todos podemos vernos afectados por lo que dejan de hacer las instituciones una de las mejores maneras para evitarlo es lograr que lo que hoy hacen por excepción ante la presión mediática y social sea un ejercicio cotidiano.